México es un país de contrastes y nadie tiene dudas al respecto, ya que por una parte hemos sido objeto de admiración de muchos países al dar ejemplo de solidaridad cuando suceden catástrofes naturales, como los sismos que han azotado a nuestro país, en donde nos hermanamos para ayudar al prójimo, al desconocido, dejando a un lado nuestros intereses personales y siendo sumamente generosos. ¿Sin embargo, qué pasa cuando ningún extranjero nos elogia? ¿Qué pasa cuando no somos ese México chingón, fraterno, amoroso? ¿Qué pasa en el día a día del mexicano promedio?
Es común escuchar historias de personas que son asaltadas en el transporte público, que incluso ni siquiera necesitan escuchar ninguna amenaza o tener enfrente un arma, porque "ya se la saben". Es común escuchar insultos en medio del tráfico porque alguien se le "cerró" a otro conductor, e incluso presenciar escenas de violencia. Es común escuchar noticias de balaceras, ejecuciones, secuestros, extorsiones, y demás aberraciones que comete el crimen organizado, a veces contra objetivos determinados, a veces, como ocurrió recientemente en Reynosa, Tamaulipas, contra la población civil.
El mexicano promedio por lo general obtiene gran satisfacción y estímulo en el hecho de poder ser más inteligente, rápido, observador, preciso, avispado, etc. que los demás, en pocas palabras, ser más "chingón" y demostrar que el otro es un pendejo. Por ejemplo desde quién se encuentra algo tirado, olvidado o mal puesto, una cartera, un celular, una bolsa, o quien recibe cambio de más en una tienda y no lo devuelve. Actitudes de "muerto de hambre" que hacen felices a los pobres de espíritu. Hasta el que en cualquier ámbito social o profesional tiene la malsana sensación de triunfar sobre los que no lo hacen tan bien, o están aprendiendo, o simplemente no están tan capacitados, porque reitero, para el mexicano que es chingón, todos los demás son pendejos.
Me impactó recientemente el caso de Polly Olivares, una chica que durante una fiesta corrió a un invitado, Diego, quien estaba en plan "mala copa"; se había puesto muy borracho y estaba comportándose como un patán y vomitando por todos lados de la casa de manera intencional, según narran testigos. Afuera, yéndose en su auto, atropelló a Polly y a su amiga Fernanda Cuadra. El agresor todavía tuvo el descaro de publicar mensajes agresivos y desafiantes en redes sociales antes de ser entregado por su propio padre ante las autoridades. Polly murió tras 22 días hospitalizada a causa de las lesiones que sufrió, Fernanda sobrevivió, pero quedará con graves secuelas. Allí tenemos al mexicano de baja calidad, al ebrio agresivo y descontrolado, al misógino sin filtro ni freno, al valentón cobarde, al mexicano de mierda.
Y hasta aquí solamente me he referido al ciudadano común, porque cuando se escala de nivel las cosas son peores. La clase política demostrando qué solo son unas sanguijuelas miserables tratando de hacerse ricos a costa del pueblo. La clase acomodada discriminando a los de abajo por su color de piel, por sus gustos o preferencias, por su origen o por su falta de destino. Ambos beneficiarios de favores e impunidad por lo general.
En nuestro México es peligroso ser mujer, es peligroso ser hombre, es peligroso ser viejo, es peligroso ser joven, es peligroso ser moreno, es peligroso ser blanco, es peligroso ser parte de la comunidad LGBT+, es peligroso ser heterosexual, es peligroso ser rico, es peligroso ser pobre. La lista sigue interminable, como interminable la cantidad de barbaridades aberrantes que hacemos los mexicanos en contra de los propios mexicanos.
Nos quejamos demasiado que no hay crecimiento, que no hay progreso, que no hay cultura ni educación, nos quejamos que nos gobiernan mal, que no hay ni habrá justicia, pero no tomamos nuestra responsabilidad de ser mejores personas para así crear un mejor país. México es un enorme organismo formado por millones de células, que somos todos y cada uno de los habitantes de este país.
Te has puesto a pensar ¿Qué pasaría si dejáramos de agredir, de transar, de insultar, de dañar, de robar, de flojear, de tirar basura, de desperdiciar el agua, de abusar de los demás y de nosotros mismos? ¿Qué pasaría si empezáramos a respetar y a respetarnos, si fuéramos más amables, si dijéramos por favor y gracias, si devolviéramos todo aquello que no es nuestro, si nos tomáramos en serio nuestras responsabilidades y si empezáramos a demostrar amor propio, amor al prójimo y amor por nuestro país? ¿Qué pasaría si por un momento, o quizás de forma permanente dejáramos de ser tan mierdas? Suena imposible pero desde mi punto de vista es la mejor solución a muchos de nuestros problemas. Convendría ponerlo en práctica. Comparte este mensaje y no olvides mencionar ME LO DIJO SAULA.