Llevamos dos años esperando el fin del mundo, hemos pasado de mala noticia en mala noticia, gracias a esto se han agudizado problemas relacionados con la salud mental, por ejemplo, ansiedad, depresión y demás trastornos que nos afectan a la mayoría de personas pero nadie hace énfasis en darles una solución.
Por ejemplo, ante el esquema laboral no puedes levantarte y pedir una falta justificada porque amaneciste deprimido, pues en esta rueda capitalista se deja de lado la salud mental debido a que es preciso que funciones más como una máquina. Si bien te pueden dar tolerancia a la ausencia de tus actividades laborales por que te duele el estómago o por algún hueso roto ¿Qué se hace cuando lo que te duele no es algo tangible?
Esto ya nos esta rebasando, cada día los malestares de salud mental son más comunes, así como las respuestas de siempre "Échale ganas", "Es solo falta de motivación", "Ahí te van 10 tips para ser más productivo", sin embargo esto no es más que la opinión de alguien desde una burbuja de privilegio, pero se olvidan de quienes cargan el peso de esa fantasía, la clase trabajadora, nosotros no nos podemos dar el lujo de estar deprimidos porque la cosa más importante en mente es generar recursos para tener una vida medianamente soportable.
Yo sé que no puedo hacer nada para erradicar la mala distribución de riquezas en un país dividido entre un unicorn frappuccino y un champurrado en vaso de unicel, pero si puedo preguntar ¿En dónde queda la importancia de la salud mental del ciudadano promedio?
Es realmente duro darse cuenta del poder que tienen los pensamientos y las emociones en la vida diaria, sin embargo, estos problemas no han dejado de ser un secreto a voces, muchas veces se toman como broma o una exageración, pero ¿En qué punto deja de serlo? Quizás hasta que lo vives en carne propia.
En ocasiones, una cerveza nos ayuda a sobrevivir a un día de mierda, ayuda a calamar nuestros demonios pero hay puntos límite en los cuales en lugar de apaciguar, detona la tormenta y es muy fácil culpar al alcohol, pero lo que realmente generó el desastre son nuestras inestabilidades emocionales que ignoramos y creemos que podemos dominar. No me malinterpreten, no lo digo desde una posición puritana anti vicios, soy un fiel creyente de que las sustancias pueden ayudar o empeorar las cosas, según las circunstancias. Ser o no conscientes de nuestras emociones y pensamientos es clave para entender esto.
Lo que el Coronavirus ha dejado ver, es que tenemos otras pandemias igual de importantes que combatir, mismas que nos han consumido a la mayor parte de la población, las enfermedades mentales y los problemas económicos que no siempre nos permiten tratarlas.
A veces al escuchar sobre trastornos mentales, lo primero que se piensa es en una locura estandarizada en prototipos televisivos que la ficcionan como algo deseable y por ende la dejamos de tomar en serio para terminar creyendo que el coaching los solucionará. Hay que dejar de darle respuestas fáciles a problemas difíciles y no hay nada más difícil que lo intangible.