En estos días fui a comprar algo de comer, en la fila se encontraban varias personas sin cubrebocas y el señor que atendía tampoco lo traía puesto. Mis palabras fueron: "No será mucho pedir que te coloques tu cubrebocas, por favor". Inmediatamente este tipo empezó a buscarlo por todo el local sin éxito, al final no solo los de la fila se lo colocaron sino que una señora que traía una bolsa de cubrebocas nuevos terminó regalándole al dependiente uno. Solamente un individuo no lo hizo, el clásico patán a quien cuando le pidieron que se protegiera respondió: "Mejor no se acerque a mí, señora".
¿Cuantas veces te has cruzado con gentuza así en la calle? ¿Cuantas veces en una fila, la persona de atrás casi te ha respirado en la nuca por no respetar la sana distancia? ¿Cuantas veces incluso has escuchado a nuestra máxima autoridad del país rebuznar frente al micrófono minorizando los efectos de esta pandemia?
En el 2020 se acuñó el término COVIDIOTAS para describir a todas esas personas que de forma deliberada, no sólo no creen en la gravedad de esta enfermedad, sino que además se niegan a respetar el entorno de los que sí nos protegemos, de los que sí creemos, de los que sí hemos abandonado la práctica del "beso de tres".
El año pasado nos dejó muchos ejemplos de covidiotez, desde los detentes del Presidente; las hordas, manadas, hatos o como les quieran llamar, de vacacionistas que invadieron las playas en semana santa; los muy "inteligentes" y "preparados" ciudadanos que creían que el termómetro digital les estaba matando las neuronas; hasta casos mas extremos, como las familias que al grito de "nos están matando", invadieron violentamente hospitales COVID, o los cavernícolas ignorantes que arrojaban cloro y agredían al personal de salud, médicos y enfermeras.
En la actualidad el ejemplo más dramático del golpe impecable de esta pandemia contra la población civil lo representa la India. El país asiático tenía un alto índice de personas vacunadas y fue el exceso de confianza lo que provocó que millones de fieles acudieran, sin cubrebocas y sin sana distancia a las celebraciones del Kumbh Mela, y se sumergieran en las orillas de rio Gánges (prefiero pasarme un mes sin bañar que meterme en las aguas de ese río, por cierto). Estas acciones provocaron que actualmente el país esté registrando mas de 3000 muertes por día a causa del COVID-19.
En nuestro país el curso de las cosas, a nivel de la calle es desalentador, yo personalmente he acudido a muy pocos bares y fiestas, exclusivamente por trabajo, no por placer, y precisamente este sábado pasado pude ver como en una celebración de XV años solamente los meseros y yo traíamos el tan mencionado cubrebocas, porque ya le agarramos confianza al covid, porque ya le perdimos el miedo, porque ya lo normalizamos como cualquier otro problema que afecta a nuestro México, como la inseguridad, el desempleo, la corrupción, y que mientras no nos afecte directamente ni nos estorba ni nos incomoda, y eso, realmente es lamentable.
Es la estupidez humana el verdadero aliado de esta enfermedad, el motor que lo mantiene contagiando diariamente a miles de personas. Es la estupidez humana la que ha llevado a la tumba a tantos ciudadanos, y lo peor es que no hablo de las victimas, sino de la estupidez del familiar, del vecino, de la persona que está en la fila junto a nosotros, que no se pone cubrebocas, que ya se contagió y ya se cree inmune, que le vale madres y no está dispuesto a cambiar porque no se le pega su pinche gana. Y usted, ¿está del lado de la estupidez o en contra de ella?
Ya se que es un tema del que se ha escrito demasiado pero si has vivido bajo una roca y no te has enterado de todo esto, comparte este texto y no te olvides de mencionar: ME LO DIJO SAULA.