Tiempos oscuros se vienen, en el horizonte podemos oler como la gran nube fecal de campañas políticas se acerca, esta marabunta de falsas promesas que, mitin tras mitin, nos hacen creer una vez más que el país ahora si va a cambiar, que todos los demás son unos vividores del erario y que ellos no son más de esa pila de caca, pregonando un mensaje de honestidad y rectitud.
Lo único que me provocan estas fechas es repudio y asco, porque no importa si son de derecha o de izquierda, si es tu vecino o algún famoso, nos queda claro que lo único que quieren es lo mismo que todas las personas de su rubro, perseguir la chuleta marinada con finas especias y un vino tan costoso como lo es una quincena del salario mínimo, atascarse tanto al grado de dejar solo los huesos para después aventárselo a aquellos que mal vendieron su voto y esperanza de un México utópico que jamás llegara a ser real.
Solo nos queda chingarnos este taco de caca lleno de sinlges pegajosos y videos virales de candidatos arrítmicos vendiendo su dignidad por un par de votos, no sé ustedes pero su servidor la última vez que voto se arrepiente, ya que gracias a mí y a millones de mexicanos crédulos pensando que cambiar el color iba a llevarnos a el primer mundo pero lo más que logramos fue poner a un viejo payasito en la tv de lunes a viernes a las 7:00 am, pero no puedo esperar más de un país que tiene a Alfredo Adame como candidato a algún puesto de servidor público, porque podemos despreciar al gobierno pero no se compara cuando el gobierno nos desprecia a nosotros.
Me gustaría decirles que en esta columna hay palabras de aliento o que hay una olla de oro al final del arcoíris pero la verdad es que nuestro país está condenado, bien condenado.